lunes, 4 de enero de 2016

Marianela*



Coincidí con la ministra de Comunicación, Marianela Paco, en las aulas de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca. Hemos bebido de la ética y de los principios de grandes profesionales como Eliodoro Ayllón, Jorge Ana Peñaranda, Gabriel Peláez, entre otros docentes.
Luego, retomamos nuestra relación siendo ella parlamentaria y yo periodista. Nos relacionamos como deben hacerlo una fuente y una trabajadora de la información, con respeto y consideración. Entonces ella aún contestaba el teléfono.
Somos ambas comunicadoras, aunque ella ejerce en la administración pública y yo elegí ser periodista.
Ambas somos sureñas, de raíces humildes. El sombrero, en nuestras culturas, expresa algo más que una prenda que protege del sol. El sombrero es identidad y por eso respeto la decisión de Marianela de llevar ese símbolo en su cabeza.
He leído en las redes sociales infinidad de insultos y hasta expresiones racistas en contra de Marianela, pero jamás he sido caja de resonancia de esos vituperios.
Incluso, cuando fue agredida públicamente por el periodista Enrique Salazar salí en defensa de Marianela en mi cuenta de Twitter, porque yo defiendo principios y no ideologías ni mucho menos posiciones partidarias.
En mi papel de periodista de ANF, intenté retomar la comunicación con ella para lograr una entrevista con el presidente Evo Morales. Le hice llegar mi solicitud por mensaje de texto y por carta porque ahora ella ya no contesta el teléfono; pero, no recibí nada más que silencio.
Así estaban las cosas hasta que este lunes, Marianela acusó a ANF (agencia de la que soy directora informativa) de ser parte de una triangulación mediática y opositora prochilena y apátrida por el solo hecho de haberle dado cobertura a una mujer que escribió un libro en el que critica la demanda marítima boliviana contra Chile.
Demás está decir que milito con la causa marítima boliviana, que creo que es un asunto de estado, que nos une como ningún otro tema lo hace, pero esa convicción no me inhibe de darle espacio periodístico a una voz disidente.
Bolivia es un Estado democrático y pluralista, en el que se respeta la libertad de expresión irrestricta. Al menos eso repite el presidente Evo Morales. Y si es así, ¿por qué se descalifica al medio que da voz a una persona que hace críticas a una política de Estado?
Para sostener la tesis de la triangulación, Marianela dice que ANF da cobertura a una opositora y que luego esa información es replicada en medios chilenos.  En realidad fue al revés. La nota salió primero en medios chilenos; alertados de esa publicación, los periodistas de ANF hicieron su trabajo y lo hicieron bien porque encontraron a la fuente primaria para sacar una versión propia.
ANF, en el marco del pluralismo y la independencia que le caracteriza, hizo una nota con una persona que critica la demanda marítima contra Chile. Esa persona es, además, opositora. Esos dos hechos no la descalifican como fuente porque, volviendo al principio básico de la democracia, opositores y oficialistas tienen cabida en ANF y más aún si se dieron el trabajo de escribir un libro.
O, de otra manera, llegaríamos a la conclusión de que todo aquel militante de un partido político no puede escribir un libro y, peor aún, no puede ser entrevistado por un medio de comunicación.
Está claro que Marianela y yo interpretamos los principios legados por nuestros docentes universitarios de forma opuesta.
Ella entiende que todos debemos alinearnos con una causa y que los medios no debemos dar voz a los opositores ni disidentes, a los que ella califica de conspiradores, derechistas y vendepatrias.
Yo creo que todo ciudadano boliviano tiene derecho a la libertad de expresión y que los medios estamos en la obligación de garantizar ese derecho más allá de si compartimos o no sus puntos de vista.
Marianela anunció, además, que hará un seguimiento para detectar nuevas noticias prochilenas. Yo le diría que no lo haga porque estaría traicionando lo que aprendimos en las aulas y, por tanto, se estaría traicionando a sí misma.

*Este es un punto de vista personal, no de la Agencia de Noticias Fides.

lunes, 5 de octubre de 2015

jueves, 6 de agosto de 2015

La Patria de todos

Mery Vaca, periodista

La Patria es el amor
Es la dicha es el amor
Por ella el pecho suspira
Por ella el alma se inquieta 
Esa es la Patria que suena en los actos oficiales. Esa es la Patria de Juan Enrique Jurado. Pero, no todos calzan en esa patria de verso. Hay una Patria arrinconada, una Patria asfixiada, una Patria que piensa diferente y que, no por eso, en el discurso oficial, ha dejado de ser Patria.
La Patria es diversa, pero las ideas diversas están proscritas.
La Patria sabe a locoto picante, pero Amalia, la periodista más picante de Bolivia, nos deja sin su sazón.
La Patria es ancha como el salar de Uyuni; pero es ajena para los disidentes.
La Patria es transparente como el lago Titicaca, pero muchos compatriotas siguen siendo invisibles.
La Patria es colla, camba y chapaca; pero no para todos los collas, ni para todos los cambas, ni para todos los chapacos.
La Patria es indígena y es mestiza, pero muchos indígenas y más mestizos no calzan en la Patria de Juan Enrique Jurado.
La Patria, en números, es más urbana que rural, pero el discurso oficial destaca más a la rural que  a la urbana.
La Patria es ahora menos pobre, pero no por eso sus gobernantes son más tolerantes.
La Patria es el rojo de la sangre de los héroes, esos que lucharon por todos, no por los gobernantes de turno y sus acólitos.
La Patria es el amarillo del oro y de los recursos naturales, donde reside la bonanza de Bolivia, una bonanza que amenaza con acabarse y que todavía no llega a Potosí.
La Patria es el verde de los bosques, esos bosques que se depredan a diario.
La Patria es una,  pero en cada discurso oficial discurren dos patrias.

Patria es el lugar donde nací y donde elegí vivir, por eso quiero una sola Patria.

martes, 28 de julio de 2015

El Pentágono sobre el conflicto de Potosí: 26 de julio de 2015


Las respuestas de las misses

Mey Vaca, periodista
Imagine usted que tiene 19 o 20 años, que centenares de personas están pendientes de lo que diga, que una decena de jueces implacables evaluarán cada una de sus palabras, que al menos media docena de cámaras estarán llevando sus respuestas al aire en vivo y directo para miles de televidentes. Y, a todo eso, agréguele que en las últimas semanas se ha alimentado de piña para mantener la línea, imagine que no ha dormido las tres últimas noches porque no pudo controlar el estrés, y también piense que está vistiendo tacones de 20 centímetros, un vestido tan angosto que no le deja caminar libremente y que lleva en la cara un maquillaje que oculta su mejor sonrisa. Piense además que tiene que competir y ser la mejor en medio de otras 20 chicas que están en las mismas circunstancias. Con todos esos factores en contra, intente articular una respuesta coherente sobre amor, relaciones humanas, sexualidad, política internacional o medio ambiente. Y, como es casi seguro que  no lo logrará, sométase ahora al escrutinio del peor de los jurados: el público.
Eso mismo está pasando con las jóvenes que el último fin de semana concursaron por la corona de Miss Bolivia y que ahora son el hazmerreír de bolivianos y extranjeros, porque el asunto llegó a la televisión mundial.
Ya estaría bueno que dejemos a un lado la crítica fácil y que intentemos colocarnos en los zapatos con tacones de 20 centímetros que ellas lucen para destacar.
Los concursos de belleza no deberían existir porque denigran a la mujer y la exponen, en una especie de subasta, a los ojos de hombres que quisieran tenerlas en su cama y de mujeres que tienen listos venenosos comentarios para destrozarlas a su paso por la infame pasarela que, para colmo de males, está diseñada con gradas, muchas gradas.
Pero, este texto ni ningún movimiento feminista hará que Gloria Limpias o Donald Trump abandonen su negocio. Por lo tanto, tendremos que convivir con los concursos de belleza. Como es una realidad contra la que no podemos luchar, al menos podríamos pedir que se elimine el sector de las preguntas porque asistimos a un concurso de belleza y no a unas olimpiadas de de inteligencia o de oratoria.